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¿Rebelión de sargentos en plena guerrilla?

(Foto ilustrativa, no tiene relación directa con el tema)

 

La Razón (Edición Impresa) / 30 de julio de 2017/

Debido a que los archivos de las Fuerzas Armadas permanecen todavía cerrados y solo fueron parcialmente abiertos para investigadores militares, es difícil precisar con mayor detalle la manera cómo la institución castrense llevó adelante la lucha antiguerrillera en 1967 y en 1970. Hay muchas interrogantes aún sin una respuesta cabal. Por ejemplo, ¿qué rol cumplieron las dictaduras militares vecinas de Brasil, Argentina y Paraguay en el precoz aplastamiento de la guerrilla? ¿Cuánto pesó realmente el apoyo estadounidense en materia de inteligencia, entrenamiento y pertrechos? ¿Quién o quiénes dieron las órdenes de “aniquilar” (asesinar) prisioneros?, ¿quiénes y cuándo ejecutaron dichas órdenes? ¿Qué tan sólida era la cohesión de la estructura militar?

El tema viene a cuento al conocer una versión que sería importante verificar, confirmar o desmentir, a través de una minuciosa investigación. La publicación titula La rebelión de los sargentos, está suscrita por Luis Mendizábal Caballero y figura como Anexo en el libro Alas al viento: memorias de un suboficial de la FAB, de Ricardo Aneyba Torrico (Cochabamba, 2014).

Dice Mendizábal que el segundo curso de la Escuela Técnica Naval de Loma Suárez, en el Beni, “protagonizó un hecho que pasó desapercibido para los servicios de inteligencia militares de entonces”. Eran tan pésimas las condiciones de vivienda y estudio que los alumnos tuvieron que elegir entre la deserción colectiva o el motín. Se decidieron por la segunda opción y marcharon a la ciudad de Trinidad el 19 de julio de 1967. En tres días de amotinamiento llegaron a pensar que serían todos dados de baja sin contemplaciones. Ante esa perspectiva, un buen número de ellos estaba dispuesto a incorporarse a las guerrillas comandadas por el Che o abrir un nuevo frente guerrillero en los llanos orientales. “Habíamos jurado no retornar a casa en calidad de dados de baja, peor de desertores”, afirma.

Para llevar a cabo tan temeraria determinación, resolvieron contactar con Hernán Melgar Justiniano, entonces el más conocido dirigente local del Partido Comunista en el Beni. El propio Mendizábal junto a su compañero de curso, el tarijeño Wálter Corrales Tejerina, habrían sido los encargados de cumplir la misión. Melgar les respondió que no estaba autorizado a dar ese tipo de información, “prometiéndonos, a manera de salir del paso, que oportunamente él establecería contacto con nosotros (…) El esperado contacto jamás se produjo”, dice Mendizábal.

La versión adquiere cierto grado de verosimilitud ante la afirmación del autor de que esa acción fue un antecedente que dio origen a un movimiento de suboficiales y clases de las Fuerzas Armadas que en julio de 1971 dio a conocer un extenso manifiesto como Vanguardia Militar el Pueblo (VMP), organismo que realmente existió e incluso tuvo reuniones con dirigentes políticos de la izquierda de la época. Dicho pronunciamiento ocasionó gran revuelo y en cierta forma precipitó los planes golpistas contra el gobierno de Juan José Torres, como lo apunta René Zavaleta en su conocido libro El poder dual.

Medio siglo después, es hora de desentrañar éstas y otras cuestiones. Para eso se necesita rebuscar en este caso no solamente en los archivos militares, sino en todos los repositorios documentales, tanto de instituciones como particulares. Y todavía más, hay que promover el levantamiento de testimonios de los actores que todavía estén con vida. Cuesta creer que Hernán Melgar no haya informado a la dirección del PCB o por lo menos comentado con alguien una cuestión tan importante que pudo cambiar el curso de los acontecimientos. ¡Menudo trabajo para los historiadores!

Mirada juvenil a la Facultad de Filosofía y Letras

 Artículo publicado en el boletín mimeografiado El Tábano  (1968 ¿?). Se trata de una pincelada irónica sobre la antigua Facultad de Filosofía y Letras (hoy Facultad de Hunanidades) cuando funcionaba íntegra  en el Piso 11 del Monoblock de la UMSA, siendo  decano el Lic. Rubén Carrasco de la Vega. El Tábano tuvo una vida muy corta, no más de tres ediciones. Poco tiempo después irrumpió la Revolución Universitaria y arrasó con todo. Hacíamos ese boletín Kori Carrasco, René Poppe, yo (Gongorino) y otras pocas personas cuyos nombres no alcanzo a recordar.

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Aniceto Reynaga: otro caso para la Comisión

Reynaga_Gordillo_Aniceto_AnicetoMuchas versiones sobre los días 8 y 9 de octubre de 1967 en el Churo y La Higuera afirmaban que además de Willy y del Che había un tercer guerrillero herido que no recibió atención médica y fue rematado. ¿Quién era él? Solo podía ser el cubano Pacho, el peruano Chino o el boliviano Aniceto. Esta última versión se desestimó porque los tres sobrevivientes cubanos creyeron que Aniceto habría sido el primero en morir de un tiro en el ojo, al iniciarse el combate en la quebrada del Churo.

Sin embargo, ahora existen suficientes elementos como para afirmar, con un mínimo margen de error, que el tercero en esta ronda fatídica era precisamente Aniceto Reynaga Gordillo, nacido el 26 de julio de 1940, en una familia oriunda de Macha. Se educó en la mina Siglo XX, pues su padre era minero. Terminó la secundaria en el colegio nocturno Ayacucho y se graduó de maestro en la Normal Simón Bolívar de La Paz. Fue dirigente de la Juventud Comunista de Bolivia (JCB).

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Insumos para Comisión que aún no existe

El Che minutos antes de la ejecución, 9 de octubre de 1967

/Aquí y Ahora/ La Razón (Edición Impresa) 02 de julio de 2017/

Ha transcurrido casi medio año de la promulgación de la Ley 879 del 23 de diciembre de 2016 que crea una “Comisión para establecer la Verdad, la Justicia y la Reparación por los crímenes del periodo dictatorial” (del 4 de noviembre de 1964 al 10 de octubre de 1982). Hay una inexplicable tardanza para poner en práctica los mandatos de esta ley, pues hasta la fecha el presidente Morales no ha designado a sus cinco integrantes. Mientras esto ocurra, y ojalá sea pronto, aquí van algunas pistas y reflexiones a tomar en cuenta.

El periodo abarcado incluye, inexorablemente, años como 1965, en el que tuvieron lugar en mayo y septiembre confrontaciones violentas del Estado con el movimiento sindical, especialmente minero. También 1970, en el que se produjo la Guerrilla de Teoponte. Y por supuesto 1967, año de la Masacre de San Juan y la Guerrilla de Ñancahuazú. Estos hechos ocurrieron en el periodo señalado y no hay razón alguna para excluirlos del análisis. Estaban vigentes la Constitución aprobada ese mismo año y que suprime la pena de muerte. Las leyes y los derechos humanos y humanitarios nunca estuvieron ni podían estar en suspenso, por más que se tratara de guerras irregulares.

Mayo y septiembre del 1965 así como Teoponte ameritan un estudio pormenorizado. Sobre San Juan, en días pasados se conocieron varios lacerantes testimonios que correspondería sistematizar y guardar, junto a los ya existentes. La Ley 879, en su artículo 7, dispone sin lugar a equívocos la necesaria “desclasificación de los documentos militares, policiales y de otro tipo”. Y aunque esto tampoco ha sucedido todavía, solamente repasando los libros publicados por autores militares es posible establecer varios hechos punibles durante las guerrillas de Ñancahuazú. Como suele decirse en términos abogadiles: “a confesión de parte, relevo de pruebas”.

Jorge Vázquez Viaña, Loro o Bigotes (hijo del historiador Humberto Vázquez Machicado), capturado herido en abril de 1967, interrogado bajo torturas fue después fusilado “detrás del hospital de Choreti”, como lo confiesa en su libro La Campaña de Ñancahuazú Luis Reque Terán, entonces comandante la IV División de Ejército asentada en Camiri.

Julio Velasco Montaño, trabajador minero de San José, capturado el 23 de mayo en Iti, fue torturado y fusilado. Dice el subteniente Monje, citado por Néstor Ruiz Paz en su libro Amor y Guerra, que recibió la orden de sacarle información y luego eliminarlo. Las reprimendas posteriores no fueron por haberlo matado, sino por no haberle arrancado mayor información.

Fredy Maymura Hurtado, médico beniano recién graduado en Cuba, fue capturado con vida en la emboscada de Puerto Mauricio (conocida como Vado del Yeso) el 31 de agosto, lo afirman Reque Terán y también Gary Prado Salmón en su libro La guerrilla inmolada. José Restituto Cabrera Flores, alias Negro, médico peruano, logró escapar por el río, fue capturado y ultimado días más tarde por efectivos de la IV División, las versiones militares son coincidentes.

Sobre los fusilados el 9 de octubre en La Higuera, Ernesto Guevara y Simeón Cuba, ninguna fuente castrense sostiene la mentira inicial de que murieron en combate. Todos coinciden en que fueron fusilados “por orden superior”. La versión más contundente, acompañada de fotos del Che con vida y del calificativo de “muerte innoble”, es la del entonces jefe de la Inteligencia militar boliviana, Federico Arana Serrudo, en su libro Che Guevara y otras intrigas. Acerca de Aniceto Reynaga, muerto en la misma ocasión, hay nueva información que compartiremos en nuestra próxima columna.

La mentada Comisión de la Verdad debería propiciar cuando menos una condena moral para los autores materiales e intelectuales de la tortura y el asesinato de prisioneros.

Masacre de San Juan: operación preventiva

No es posible separar la Masacre de San Juan de la guerrilla dirigida por Ernesto Che Guevara.

Como Edgar Ramírez recordó recientemente en el acto de conmemoración del natalicio de Che Guevara, no es posible separar la Masacre de San Juan de la guerrilla que operaba en el sudeste boliviano hace medio siglo. Sorprende que ambos acontecimientos frecuentemente sean vistos de forma separada, como si no formaran parte del mismo contexto. La operación punitiva contra los campamentos mineros solo se explica en el marco de la campaña contrainsurgente emprendida por el Gobierno boliviano de entonces, con apoyo estadounidense y de las dictaduras vecinas del cono sur latinoamericano, principalmente Brasil, Argentina y Paraguay.

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Guerrillas: no está dicha la última palabra

Aquí y Ahora- La Razón

Domingo 4 de junio de 2017/

En torno a los 50 años de la Guerrilla del Che en Bolivia se hace necesario un cambio de enfoques y actitudes. Además del recuerdo de los caídos (37 guerrilleros y 49 soldados y oficiales), debería procederse a una evaluación del suceso en su perspectiva histórica, en el contexto latinoamericano y mundial de aquella época, y en su proyección hacia la realidad actual. Asimismo, es importante esclarecer muchos aspectos que han permanecido en las sombras o han sido oscurecidos, tanto por el afán laudatorio de unos, como por la vehemencia condenatoria de otros.

Me explico: en un polo se sitúan los que suponen que lo único que cabe es el concepto de gesta protagonizada por los guerrilleros, y por tanto, se construye un panegírico de acciones heroicas que alimentan el mito. En el otro polo se sitúan los que solo tienen ojos para ver el fenómeno guerrillero con el lente ahumado de la Guerra Fría, y se ensañan con improperios y descalificaciones que a su vez alientan el mito de una “invasión” extranjera a Bolivia derrotada gloriosamente por las Fuerzas Armadas.

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