PERIODISMO E HISTORIA EN LA OBRA DE CARLOS SORIA GALVARRO

(Poco antes de su inesperado y absurdo fallecimiento (junio de 2007), Orlando me hizo llegar este comentario sobre mis libros. Ignoro si fue publicado en algún medio impreso. Lo difundo ahora desde aquí, en homenaje a la profunda amistad que nos unía y al sincero afecto con el que me honraba, entre otras formas, invitándome siempre que podía a sus clases de docente de Sociología de la UMSS).

Por Orlando Mercado Camacho
El acervo bibliográfico boliviano se enriquece con la edición de dos libros de Carlos Soria Galvarro Terán: Re cuentos y Con textos (La Paz: Plural, 2002). Como lo sugieren los “juegos del lenguaje” de los títulos, son una compilación selectiva de veinticinco años de labor periodística en los que se puede resumir la historia contemporánea de Bolivia. El autor ha sido partícipe de los acontecimientos narrados y los lega para la posterioridad ante el riesgo de ser olvidados o, en el peor de los casos, desconocidos por las nuevas generaciones nacidas en el período democrático y que ignoran las vicisitudes atravesadas durante el régimen dictatorial en el país.

Soria Galvarro se preocupó por compilar artículos, libros y capítulos de diversos libros suyos, cuyas ediciones están agotadas, además de, en varios casos, actualizar y completar sus trabajos. Se ubican en estas compilaciones diversos géneros periodísticos como son el reportaje, la entrevista, ensayos y testimonios que abarcan las diversas etapas de la historia del país. Sus preocupaciones también se dirigen a reflexionar sobre el papel del periodismo escrito y televisivo en el país por lo que con plenitud se puede hablar de la obra periodística e histórica de Soria Galvarro.

El autor

Nació en Parotani el 17 de julio de 1944. Su padre falleció cuando él era aún un adolescente a consecuencia de lesiones de la guerra del Chaco. A temprana edad, se alistó en las filas de la Juventud Comunista de Bolivia (JCB) de la que llegó a ser su dirigente por varios años; militó en las filas del PCB hasta 1985. Estudió la carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz, pero la dictadura banzerista le impidió terminar sus estudios, por lo que se trasladó a las minas. Su formación como periodista precisamente se dio en las radios “21 de diciembre” y “La Voz del Minero” de Catavi y Siglo XX, respectivamente. Conviene remarcar que las radioemisoras de aquellas localidades fueron la verdadera escuela para muchos radialistas y periodistas del país.

Su estadía en las minas se prolongó hasta 1976 participando en la resistencia contra el banzerato. El golpe de Estado de los “narcócratas” Luis García Meza y Luis Arce Gómez en 1980, asimismo, tuvo su expresión más acerba en el asalto a la COB en la que fue asesinado Marcelo Quiroga Santa Cruz; el periodista, capturado allí, sufrió los vejámenes en el Estado Mayor y fue confinado en el río Beni y luego exiliado a México. Repuesta la democracia y durante el gobierno de la UDP, se desenvolvió como director de noticias de Canal 7, y después trabajando en los semanarios “Unidad” del PCB y “Aquí” que fundara Luis Espinal.

El autor estuvo a cargo de la dirección del Canal 13 de la Televisión Universitaria de La Paz, la docencia en la UMSA, la dirección del desaparecido Centro de Documentación e Información (CEDOIN) –reconocido por su inigualable “Informe R”- y también ocupó la dirección del Programa de Apoyo a la Democracia Municipal (PADEM). Soria Galvarro obtuvo su título de Periodista según la ley de profesionalización y podríamos decir que ejerce también el oficio de historiador por su producción bibliográfica y documental.

En el oficio periodístico

El oficio del periodismo es algo que, parafraseando a Soria Galvarro, él lo lleva “en las venas”. En el conjunto de su obra, precisamente, destaca su lenguaje periodístico. Sin embargo, su ejercicio no es el de la nota informativa, sino el del periodismo de interpretación e investigación. El autor no trabaja ahora en las redacciones de prensa, sino su tarea es la del análisis del mundo político del país. Sus criterios apuntan a esclarecer ante la opinión pública el papel de los actores políticos en nuestra historia contemporánea. En esa misma veta, consideramos, se halla su actividad relacionada al periodismo de investigación centrada en el desentrañamiento de los acontecimientos que afectaron a la sociedad boliviana, conservando siempre el rigor metodológico y la claridad de los conceptos.

Soria Galvarro se desenvuelve con soltura en diversos géneros del periodismo. Por ello tenemos en los libros compilados una entrevista a Klaus-Altman Barbie cuando fue expulsado a Francia por crímenes contra la humanidad. También es de destacar su “¡Vista al mar!” relato estremecedor que narra los pormenores del asalto a la COB, como asimismo su experiencia de la tortura en “Pajarito nuevo” y el confinamiento en “El eco del monte” y su “Coati 1972: relatos de una fuga” en el que reconstruye un acontecimiento casi olvidado de la resistencia a la dictadura. El autor también redescubrió a la Escuela-Ayllu de Warisata que sembró las bases para la educación indigenal durante la sociedad oligárquica, a la vez que sometió a un juicio crítico al papel de la COB desde su fundación exigiendo que en la actualidad reajuste su organización y concepción para enfrentar con mayor eficacia al modelo neoliberal. Merecen también ser destacadas su entrevista con el líder de la COB, Juan Lechín Oquendo y la conversación sostenida con el filósofo Guillermo Francovich.

Soria Galvarro es, sin lugar a dudas, un “homo tiphograficus” preocupado por dar un vuelo teórico al periodismo, volcando sus reflexiones en la docencia universitaria y en las páginas de sus libros; en su consideración el periodismo tiene como destinatario al “lector promedio” y recalca el “estilo periodístico” como una marca exclusiva en la cual deben preponderar la brevedad, la claridad y la precisión. Su preocupación se centra también en el rol del periodismo en la sociedad boliviana, por lo que este oficio no puede transigir con los distintos factores que deforman a la realidad, sino, por el contrario, comprometerse con la perspectiva del cambio social. Su tránsito por la televisión, incluida la televisión universitaria, también le motivó a preocuparse por la pantalla chica, la televisión no sólo debe distraer, sino y esencialmente informar y educar; su clamor es por la formulación de una política comunicacional en la que se actualice la propia educación superior y se fomente la conciencia nacional a través de la imagen en movimiento.

La perspectiva del historiador

El historiador es el profesional dedicado a reconstruir la memoria de la sociedad, situándose en el poder o recuperando las luchas de los sectores populares. Soria Galvarro se sitúa en la segunda opción: lo nacional-popular. Karl Marx consideró que la Historia es la única ciencia que puede dar cuenta del desarrollo de la humanidad y vislumbrar el advenimiento de los cambios sociales; en consonancia, la perspectiva emancipatoria en América Latina y en Bolivia, en particular, se planteó como la agregación nacional-popular, opuesta a la agregación nacional-estatal, vale decir, la oposición a la hegemonía de la burguesía intermediaria del “espíritu de escisión” de las clases subalternas para la construcción de un orden nuevo. En esta construcción de la “voluntad colectiva nacional-popular” los intelectuales –y entre ellos los periodistas- juegan un papel de primera importancia para propiciar la “reforma moral e intelectual”, imprescindible para la crítica y superación del actual régimen.

Soria Galvarro en su trabajo revela su adscripción marxista al aplicar sus conceptos al enjuiciamiento de la historia contemporánea de Bolivia. Es así que su estilete se afila en la valoración crítica de diversos acontecimientos que van, desde la nacionalización de las minas a las dictaduras militares, pasando por la guerrilla de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia. Respecto de la nacionalización de las minas se aprecia el enjuiciamiento al que somete al MNR, sosteniendo que los dirigentes de la Revolución Nacional en realidad nacionalizaron la minería contra su propia voluntad al sufrir la presión de las masas populares para llevar a cabo esta medida revolucionaria; por el contrario, los emenerristas quisieron conciliar sus intereses con oligarquía procurando otorgarles una jugosa indemnización.

La estadía en las minas de Soria Galvarro también le sirvió para brindar un testimonio de la lucha de la clase obrera. La denuncia de la intervención militar en la política encuentra también un capítulo en el atroz golpe de Estado de Luis García Meza. Aquí también destaca el historiador cuando rememora que incontables documentos referentes a los gobiernos republicanos fueron irremediablemente perdidos al ser incinerados indistintamente por presos y paramilitares para darse calor en las gélidas noches paceñas. Se ratifica así la afirmación de Milán Kundera que “la lucha del hombre es la lucha de la memoria contra el olvido”, aunque también se corre el peligro de anatematizar a algunos hombres como “un tal Cossío” quien fue mencionado como un “buzo” durante la fuga de la isla de Coati.

Soria Galvarro, sin duda es un especialista en el tema de la guerrilla de “Che” Guevara al haber procedido a una rigurosa compilación documental que publicó nada menos que en seis volúmenes entre 1992 y 1997. De los artículos, testimonios y entrevistas referentes al Che, en los libros reseñados nos brinda una pequeña muestra. Manteniendo la ecuanimidad, presenta a protagonistas de ambos bandos, a pesar que el autor estuvo en su tiempo adentrado en la temática del foco guerrillero por su condición de dirigente de la JCB. En sus libros aparece el “cautivo de la historia oficial” Gary Prado, como también, mediante una entrevista se cede la voz a Fernando Martínez –alias “Tesorito”- quien intenta aclarar que él no fue quién delató a Guido “Inti” Peredo en la refriega que le costó la vida al lugarteniente de “Che” en 1969. Podríamos arriesgarnos a sostener que Soria Galvarro hace un “psicoanálisis” de la guerrilla guevarista aplicándolo a él mismo y a la “sociedad pretoriana” de aquel entonces.

Cochabamba, septiembre de 2002

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