El 2 de agosto nació en Warisata, no en Ucureña

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Todavía hay muchas personas en el país que erróneamente suponen que el 2 de agosto tiene que ver sólo con la Reforma Agraria y con un día declarado difusamente como “del indio” o “del campesino”. No todos saben que, en realidad, la fecha tiene su origen en la fundación de la escuela de Warisata, una auténtica y creadora revolución educativa que arrancó precisamente el 2 de agosto de 1931, bajo la conducción de Elizardo Pérez y Avelino Siñani.

Con espíritu visionario el presidente Germán Busch quiso homenajear la gesta warisateña y en 1937 proclamó el 2 de agosto como “Día del Indio”. Paz Estenssoro, a su turno, hizo coincidir en 1953 la firma del Decreto de Reforma Agraria en Ucureña, con una fecha de alguna manera ya consagrada; a partir de ahí se la fue mencionando como “Día del campesino” a tono con el proyecto de nación sin identidades étnicas promovido por el MNR.

En los primeros años del actual proceso de cambios se intentó rebautizarla como “Día del indio y la interculturalidad” (2009), idea que no prosperó ya que al poco tiempo (2010) pareció que se alcanzaba cierto consenso con una nueva designación: “Día de los pueblos originarios”. Sin embargo, un año después, el presidente Morales declaró que sería el “Día de la Revolución Agraria, productiva y comunitaria”.

La fecha ha permanecido inmutable en los últimos 80 años como referencia al mundo rural y autóctono, lo que ha variado son sus contenidos simbólicos, los mismos que podrían seguir mutando según la evolución de las coyunturas históricas. En estos tiempos de Estado plurinacional, Warisata ha sido rescatada del olvido y ha pasado a ser no solamente un paradigma del modelo educativo oficial, “socio-comunitario y productivo”, sino que también se plantea recuperar su propuesta política participativa, emancipadora y descolonizadora. Corresponde, por tanto, dejar claramente establecido que fue en Warisata y no en Ucureña donde nació el 2 de agosto, como fecha consagrada a poner de relieve a los pueblos originarios de nuestro país.

Para una bibliografía de Warisata

Se han elaborado muchas investigaciones y tesis académicas sobre Warisata. Pero es más que necesario volver siempre a las fuentes originales que en este caso son: el libro testimonial de Elizardo Pérez y los trabajos escritos y gráficos de Carlos Salazar Mostajo.

“Warisata, la escuela ayllu” de Elizardo Pérez se publicó por primera vez en 1962, con el esfuerzo personal del autor y a pedido de los comunarios quienes aportaron económicamente para costear la edición de tres mil ejemplares. A pesar de ser un tiraje alto para las condiciones bolivianas de la época, tuvo escasa repercusión dado que las políticas educativas de entonces marchaban por otros rumbos. Pérez retornó frustrado a su exilio en la Argentina, donde falleció en 1980.

La segunda edición apareció 30 años después, en 1992, auspiciada por dos organizaciones no gubernamentales, HISBOL y CERES. Según los editores el texto incorpora las correcciones señaladas a puño y letra por el autor, y estuvo al cuidado de su esposa Jael Oropeza hasta su prematura muerte en un accidente, y por supuesto por Carlos Salazar Mostajo, convertido en una suerte de albacea del legado de Warisata.

La tercera edición, la más completa e imaginamos de un tiraje masivo, fue realizada el 2013 por el Ministerio de Educación, dando inicio a una serie de clásicos de una Colección Pedagógica. Contiene numerosas fotografías y un apéndice con algunos documentos y una lista de casi 500 protagonistas.

Es notable la evolución de estas tres ediciones que denotan, de cierta manera, el reconocimiento paulatino que ha tenido Warisata. La primera, un esfuerzo aislado del autor secundado solamente por los actores, la segunda propiciada por ONGs, y la tercera, recién por el estado boliviano.

El propio Salazar publicó “Warisata mía”(1983) un libro que tuvo varias ediciones y que recopila sus principales ensayos y artículos y epiloga con el poema “Biografía de Warisata”. El autor usó no solamente su pluma de escritor y periodista, sino también la poesía, la pintura y la fotografía para expandir y defender apasionadamente la obra de Warisata, en la que él mismo estuvo inmerso en sus años juveniles.

Salazar Mostajo produjo también “La “Taika”: Teoria y práctica de la Escuela-Ayllu” (1986, con algunas ediciones posteriores), libro en el que reflexiona sobre los fundamentos sociológicos, económicos, políticos, pedagógicos y culturales de Warisata.

Por último, se publicó en el 2005, poco después de su fallecimiento, “Gesta y fotografía: historia de Warisata en imágenes”, libro en el que se resumen algunos de sus ensayos, acompañados de centenares de fotografías en blanco y negro y algunos cuadros a todo color. Se trata sin duda de una producción verdaderamente monumental, un documento-testimonio a la altura de lo que fue Warisata.

 

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