Democracia, el mejor camino

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El presidente de la Cámara de Senadores, Julio Garret Ayllón (MNR), toma el juramento a Hernán Siles Zuazo, lider de la UDP.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Soria Galvarro

23 de octubre de 2016

En estos 34 años de democracia en Bolivia hubo de todo, tanto que es difícil hacer un recuento minucioso. El 10 de octubre de 1982, asumió el gobierno de la Unidad Democrática y Popular (UDP), cuya victoria en las urnas le había sido escamoteada por el golpe militar del 17 de julio de 1980. En vez de nuevas elecciones se impuso la fórmula de instalar el Congreso elegido antes de la acción golpista. Parecía una solución práctica y viable ante las urgencias del momento, pero escondía los gérmenes del desastre, pues ponía al nuevo gobierno a merced de una oposición mayoritaria en el Parlamento.

La UDP, expresión unitaria de las fuerzas que habían resistido y finalmente derrotado a la dictadura militar, heredaba una tremenda crisis económica y tenía las manos atadas para resolverla. Sumadas sus complicaciones internas y la falta de consecuencia en la aplicación de su propio programa, el resultado fue la catástrofe: hiperinflación galopante, inestabilidad social y política inauditas.

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Una pizca de memoria sobre las dictaduras

El asesinato del sacerdote y periodista Luis Espinal, fue paerte de los preparativos golpistas en 1980

Resulta imposible hacer un balance de lo ocurrido desde la instauración de la democracia, sin recurrir a un ejercicio comparativo con lo que fueron las dictaduras en los 18 años precedentes, particularmente los periodos marcados por la impronta personal de Barrientos, Banzer y García Meza. Independientemente de a qué intereses sirvieron, los tres llegaron al poder mediante el típico golpe de Estado militar, sin elecciones ni nada que se le parezca.

Un agravante en el caso de Barrientos es que derrocó a Víctor Paz, del cual era vicepresidente. Claro que lo hizo en medio de un clima de efervescencia popular opositora que atizó y supo aprovechar en su favor, entre otros factores gracias a la ingenuidad de algunos sectores de la izquierda, como Lechín y otros, que conspiraron con los militares creyendo que podrían deshacerse de ellos en el camino. Resultó a la inversa, a pocas horas de iniciado el operativo del 4 de noviembre de 1964, ya se supo quiénes tenían la sartén por el mango. El general aviador, al viejo estilo, hizo una pausa para constitucionalizarse en 1966, y hasta mandó redactar a las carreras una nueva Constitución, pero lo predominante en su gobierno fue la represión antipopular, que tuvo sus picos más altos en la confrontación sangrienta de mayo y septiembre de 1965, en la Masacre de San Juan y en el asesinato de prisioneros de la guerrilla, entre otros, al Che en 1967. Sigue leyendo