Apuntes sobre un bicentenario

Así es como llegamos a los dos siglos, con celebraciones locales a lo largo del periodo

Recientemente se han recordado los 200 años de la declaración de la independencia de las “Provincias Unidas de Sudamérica” (con ese nombre de proyección continental nació la actual Argentina). La conmemoración oficial, bastante insípida en el contexto regresivo que vive ese país, tuvo como escenario principal la ciudad de Tucumán, donde el 9 de julio de 1816 una treintena de representantes, entre ellos algunos llegados del entonces Alto Perú, suscribieron el histórico documento.
El hecho nos sitúa en un marco histórico común, pues, con poca diferencia de tiempo, hace dos centurias que surgieron la mayoría de las repúblicas latinoamericanas. A comienzos del siglo XIX, en el inicio del proceso están los levantamientos de 1809, el 25 de mayo en Charcas, el 16 de julio en La Paz y el 10 de agosto en Quito. De ahí en más el estamento criollo, vale decir los descendientes americanos de los conquistadores ibéricos, pasaron a ser los actores predominantes, pues las rebeliones indígenas que precedieron a esta etapa, a fines del siglo XVIII, habían sido aplastadas con inaudita violencia.
Sigue leyendo

Novelas

El formato literario es el único capaz de conseguir que quien lee ‘construya’ las situaciones y los personajes.

Cuando García Márquez publicó El general en su laberinto (1989), historiadores latinoamericanos, entre ellos varios bolivianos, reclamaron airados no solo por la presunta irreverencia con la que fue tratado Bolívar, sino por una serie de inexactitudes históricas que presuntamente abundarían en el texto. Al estilo caribeño, Gabo les respondió más o menos así: de qué se preocupan, mi libro no es un manual de Historia, es una novela.

En efecto, el formato literario, con sus dosis de ficción pero con un lenguaje seductor, es el único capaz de conseguir que quien lee “construya” en su imaginación las situaciones y los personajes. Así, las historias cobran vida. Por experiencia propia, desde que leí en la adolescencia Juan de la Rosa de Nataniel Aguirre (1886)  y Túpac Katari de Augusto Guzmán (1944) soy un convencido del inmenso rol formativo que desempeñan las novelas con trasfondo histórico. Más aún si son llevadas al formato audiovisual. Sigue leyendo