‘No hay peor ciego que el que no quiere leer’

La Razón (Edición Impresa) / Aquí y ahora – 13 de marzo de 2016

lectura+

Soy fanático de los libros y la lectura. Debo suponer que por eso la Embajada de Bolivia en Cuba aprovechó mi presencia en la isla para auspiciar una conferencia en el marco de la XXV Feria Internacional del Libro de La Habana, precisamente sobre la lectura y la producción bibliográfica boliviana en el último decenio. De mis apuntes para esa charla rescato solo un listado de lo que dije, dejando para otro momento la tarea de desarrollar por escrito y de forma más detallada las ideas que expuse.

Partí del hecho evidente de que el analfabetismo se redujo considerablemente mediante las campañas realizadas y otras que están en curso. Mencioné los avances de la normalización de los principales idiomas nativos, aspecto que debería reflejarse en el incremento de la producción escrita. Me referí a la intensa producción de libros por parte de las instituciones estatales (misión antes casi exclusiva de las ONG), destacando como ejemplos el incuestionable éxito de El libro del mar; la primera edición oficial de Warisata: la escuela ayllu, el conmovedor testimonio de Elizardo Pérez; la publicación de la colección de las 15 novelas bolivianas más importantes por el Ministerio de Culturas, y la Colección Biblioteca 50 años de ENTEL.

Como no podía ser de otra manera hablé de la Ley del Libro Óscar Alfaro y de lo que significó para mí haber conocido al escritor chapaco cuando venía a la puerta de la escuela a vender sus libritos de cuentos y poesías. Dije que correspondía evaluar los resultados de esta ley y quizá hacerle los ajustes que correspondan, especialmente en lo referido a las obligaciones de las distintas instancias del Estado para formar bibliotecas y promover la lectura. Asimismo, sopesar los efectos del alivio de las cargas tributarias a la producción de libros.

Mencioné que a simple vista, sin entrar en análisis estadísticos, se advierte la existencia de una floreciente industria editorial privada, sobre todo en Santa Cruz, La Paz y Cochabamba, aspecto corroborado, además, por las exitosas ferias anuales del libro que se realizan en varias capitales.

Puse énfasis en explicar el proyecto de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia impulsado desde la Vicepresidencia, con sus 200 títulos ya aprobados mediante mecanismos ampliamente participativos de consulta y de toma final de decisiones. Anuncié que los dos primeros volúmenes ya habían sido publicados en medio de una gran acogida del público, especialmente de los jóvenes. Residentes bolivianos comentaron luego de la conferencia que recibieron la noticia sobre este proyecto con sorpresa, pues no sabían nada de su existencia; quizá está faltando al respecto mayor divulgación.

Dije que sin ser especialista en literatura podía sentir que estaba en curso una transición o recambio generacional de escritores, cuya expresión más notable es el reciente reconocimiento a Magela Baudoin con el premio García Márquez de cuento.

Por último, sin menoscabar los avances y logros, mencioné los inmensos desafíos que tenemos por delante. Hice hincapié en el carácter esporádico y disperso de los esfuerzos que se realizan. Campañas aisladas y eventuales, incapaces de entusiasmar y movilizar a la gente. Escasa reflexión y pocas acciones para combinar la producción tradicional impresa con las nuevas tecnologías, lo cual deriva en una débil presencia de textos bolivianos en internet.Reclamé mayor articulación para canalizar la participación y desarrollar iniciativas conjuntas, en fin, muchísimas acciones que se podrían hacer y no se hacen, a pesar de las condiciones favorables existentes.

This is books scramble. Many books on white background.

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Aquí y Ahora, La Razón. El libro y la lectura

http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/libro-lectura_0_2259374143.html

‘No hay peor ciego que el que no quiere… leer’, sería un bonito lema para una campaña en esta materia

La Razón / Carlos Soria Galvarro

00:00 / 26 de abril de 2015

El maestro en la escuela Agustín Aspiazu de La Paz nos pidió que no gastáramos nuestros recreos porque al final íbamos a tener una sorpresa. A la salida, en medio del bullicio atronador y el torbellino de mandiles blancos, distinguimos a un señor de lentes, traje raido y barba oscura con un inmenso bolso de cuero colgado al cuello, ofrecía por unos centavos pequeños libros infantiles con ilustraciones de animales y rondas de chiquillos. Si algo lamenté en la infancia fue el intempestivo retorno de mi familia a Cochabamba a mitad de aquel año, porque así perdí para siempre a un extraordinario profesor de escuela, Ranulfo Fernández, y a su amigo escritor y vendedor de libros, Óscar Alfaro, quien dejó sembrada en mí la semilla de la lectura.

He recordado con emoción esta anécdota infantil, pues la Ley del Libro y la Lectura, aprobada por estas fechas hace dos años (Ley 366), lleva precisamente el nombre de Óscar Alfaro, en justo reconocimiento al poeta y escritor tarijeño. En el artículo primero esta ley dice que su objeto es “promover el ejercicio del derecho a la lectura y escritura en condiciones de libertad, equidad social y respeto a la diversidad de expresiones culturales (…)”. Como propuesta no está mal, pero todavía es muy pronto para evaluar los efectos y resultados de este instrumento legal que, entre otros rasgos positivos, alivia las cargas impositivas a la producción y difusión de libros.

Recordemos, entretanto, que los objetivos que plantea en su gran mayoría son todavía desafíos a cumplir: generar políticas, planes y acciones dirigidas a la formación de lectores y escritores. Promover el hábito de lectura y escritura en la población, a través de la implementación y fortalecimiento de bibliotecas y otros espacios públicos y privados, para la lectura y difusión del libro. Fomentar la edición y producción de libros en idiomas oficiales del Estado Plurinacional y su traducción. Promover y apoyar la edición de material bibliográfico en formatos apropiados, para la consulta por personas con capacidades diferentes. Promover la producción bibliográfica y la industria editorial estatal y privada. Promover la participación ciudadana a través de actividades de fomento a la lectura, escritura y el libre acceso a bibliotecas y otros espacios interactivos. Fomentar el uso de nuevas herramientas tecnológicas de la información y la comunicación. Impulsar el desarrollo de escritura y lectura en idiomas oficiales reconocidos por la Constitución Política del Estado. Implementar el Sistema Plurinacional de Archivos y Bibliotecas. Crear el Fondo Editorial del Libro y el Comité Plurinacional del Libro y la Lectura.

En el Día Internacional del Libro, propuesto por la Unesco desde 1995 y que cada vez más se está convirtiendo en una fecha de conmemoración universal, las noticias bolivianas en este campo son pocas, pero halagadoras: está en marcha el plan de publicación de los 200 libros para el bicentenario; se han entregado los premios 2014 de los concursos de novela, literatura infantil y producción literaria en lenguas originarias; y Bolivia está presente en la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires con un stand propio y una oferta de 500 títulos.

“No hay peor ciego que el que no quiere…leer”, sería un bonito lema para una campaña en esta materia, ¿no les parece?